
Fuencaliente es otro de mis sitios favoritos, bien para ir en bicicleta o bien para pasear y hacer fotografías a este bello pueblo. Fuencaliente está aproximadamente a 56 Km de Puertollano, y delimita con la provincia de Córdoba. Es un pueblo afincado en plena Sierra Madrona, sierra de gran valor ecológico y arqueológico.
En Fuencaliente se encuentra una de las zonas arqueológicas de mayor valor de toda la provincia de Ciudad Real, esta zona se llama Peña escrita, llamada así porque la zona está repleta de pinturas rupestres esquemáticas. El descubrimiento de estas pinturas rupestres se debe a Fernando José López de Cárdenas, cura párroco de Montoro (Córdoba) que recorrió estas tierras por encargo del conde de Floridablanca. El 26 de mayo de 1783 reconoció las pinturas de Peña Escrita y Chorrera de los Batanes ó la Batanera e informó a Floridablanca de su existencia, enviando un fragmento de piedra con una pintura. Posteriormente multitud de científicos recorrieron la zona, haciendo variedad de estudios sobre el terreno y las pinturas.

Las pinturas esquemáticas normalmente suelen ser figuras antropomórficas, que son las más abundantes y variadas y que sulen medir entre 20 y 30 cm. en esta ocasión no puedo acompañar las fotos con escala, porque dichas pinturas están valladas, precisamente para evitar el deterioro de las mismas por la mano del hombre.
También podemos encontrar figuras formadas por barras, líneas, puntos y espirales cuyo significado es complejo, personalmente me atrevería a decir que dichas barras con líneas son hojas de los miles de helechos que abundan en la zona.
Helechos de la zona.
Vista de la Sierra Madrona de Fuencaliente desde Peña escrita.
Las lastras es una zona, muy cercana a Fuencaliente, y que llamamos así por sus grandes placas de piedra pulidas durante años por el paso del agua, tan pulidas que si las mojas un poco se pueden usar de tobogán. Es una zona que carece de pinturas rupestres, pero de gran belleza.


Si observan bien ahí estoy yo con bañador azul, y un amigo de rojo, allí estoy en lo más alto de la cascada de agua, casí resvalando con el verdín de la humedad y el salto del agua, pero necesitaba subir, si no lo hago no me encuentro realizado, no soy yo mismo en una palabra.

Detalle de tela de araña, con araña incluida, de las muchas que hay en esta zona.

En esta ocasión quiero mostraros el cerro de Santa Ana, que popularmente se conoce como el cerro del minero, cerro que se encuentra a la izquierda de la entrada norte de mi pueblo, Puertollano, llamado así por el monumento a la figura del minero, figura que refleja el pasado y presente del pueblo de Puertollano.
El monumento al minero es obra del escultor José Noja, y fue inaugurada el 26 de febrero de 1983, una escultura de 17 metros de altura y tallada en bronce, interpretada por su autor como neorrealista, con la que quiso reflejar la verdad de Puertollano.
Este cerro no solo es importante por su monumento al minero, si no que muestra otras singularidades como esta torre de telegrafía óptica, vulgarmente conocida en Puertollano como “Chimenea Cuadrá”.
Esta torre comenzó a construirse en el año 1851, sobre el solar de la desaparecida ermita dedicada a Santa Ana.
En la siguiente foto, ya se comienza a ver la chimenea. 


Esta torre se integraba en una red de comunicaciones destinada exclusivamente a la transmisión de mensajes oficiales y que tendría tres líneas: Madrid-Irún, Madrid-Valencia y Madrid-Sevilla, denominadas, respectivamente, de Castilla, de Levante y de Andalucía. Concretamente la línea Madrid-Irún, contaba con 51 torres separadas una media de 15 Km y que permitía que en unas tres horas llegase un mensaje desde la capital de España hasta la localidad guipuzcoana. La “Chimenea Cuadrá” pertenecía obviamente a la línea de Andalucía y un mensaje enviado por este sistema desde Madrid a Sevilla tardaba en llegar tan sólo unas dos horas y media, algo verdaderamente revolucionario en esos años de mediados del siglo XIX de los que hablamos, pero la coincidencia con el rapidísimo desarrollo de la telegrafía eléctrica, de un mantenimiento más fácil, y más barata y rápida que la óptica, determinó que en 1855 dejaran de funcionar definitivamente todas las líneas. En cuanto al modo de funcionamiento, éste era de una gran simplicidad, pues se basaba en la observación visual: el torrero encargado observaba con un catalejo las señales que le hacía su compañero desde la torre inmediata y las transmitía a la siguiente.
Esta torre o "Chimenea Cuadrá" según se cuenta de boca en boca por Puertollano, posteriormente serviría de torre de vigilancia durante la Guerra Civil Española, dado su emplazamiento excepcional y estratégico.
Como antes decía este cerro que se encuentra a tan solo diez minutos caminando desde mi casa, no solo es importante y bello para mí por el monumento al Minero y la “Chimenea Cuadrá”, lo es también por la cantidad de pinturas rupestres y demás caprichos que la naturaleza le ha regalado.
Como la disposición de estos gigantes bloques de piedra, que parecen fichas de dominó, apoyadas unas sobre otras.

Las siguientes fotografías muestran al Puertollano que se observa desde las alturas del cerro, vistas que seguro los torreros de antaño no reconocerían.




Vista desde el cerro del gran complejo industrial que forma Repsol en Puertollano.
Puente Natural.
Otro de los caprichos que la naturaleza ha regalado a este singular cerro es este bello puente natural de piedra, ubicado en la vertiente norte del cerro y que contiene numerosas pinturas rupestres.
Lo llamamos natural porque la mano del hombre no ha influido en la aparición del puente, y digo lo llamamos porque solo algunos conocen la existencia de este puente, es más en más de una ocasión he comentado con mis compañeros y vecinos de Puertollano la existencia de este maravilla a tan solo 10 minutos de sus casas y algunos me tachaban por mentiroso o incluso loco, respetemos su ignorancia, pero aquí dejo constancia de la existencia de esta maravilla, de este mi otro retiro mental y/o espiritual.





Según parece ser, este sitio es de especial interes por algunos esperitistas, médiums, o personas con algún tipo de poder fuera de lo normal, según pude compartir con alguno de ellos, este sitio para ellos es especial, es mágico según cuentan, y es que al parecer tiene algún significado especial, sobre todo en la vispera a la Noche de San Juan, los últimos rayos de sol inciden perpendicularmete al ojo del puente, haciendolo brillar de una forma que ningún otro día se puede apreciar. ¿Fantasía o realidad? no lo sé, personalmente respeto sus opiniones y creencias, pero desde luego a mi mágico me parece, solamente por las vistas y pinturas que en el se esconden, es más si en este lugar hay pinturas rupestres es porque ya era mágico millones de años atrás para los Homos heidelbergensis y los Homo antecessor que por aqui habitaron.
Aqui dejo constancia de las pinturas rupestres que el puente esconde.






Bueno ya por último dejo constancia de que en Puertollano nieva poco, no suele ser muy habitual, pero cuando nieva, lo hace en abundancia. Estas imágenes no se ven todos los días y me parecía interesante compartirlas también.










La Venta de la Inés, antes llamada Venta del Alcalde, es la única de la época de Miguel de Cervantes que se mantiene en pie. El escritor no sólo la cita en uno de los pasajes de Rinconete y Cortadillo, donde paran a descansar los dos pícaros, sino que una fuente muy cercana, la denominada del Alcornoque, está situada cincuenta pasos más allá: era el sitio de la plática de Marcela y Crisóstomo y lugar donde enterarron a éste , al pie de la peña (capítulo XII del Quijote).
Más allá del protagonismo de la estancia en la prosa cervantina, la relevancia crece por su situación, pues su puerta de acceso da de lleno con el Camino Real de la Plata, una arteria fundamental de conexión, durante siglos, entre Toledo y Córdoba, entre Castilla y Andalucía. Por ella pasó muchas veces Cervantes, y en ella se aposentó y tomó notas del entorno. Seguramente la enorme morera del patio, entonces chica y hoy quintocentenaria, fue testigo de aquellas correrías. La venta es más vieja, y hoy está incluida en uno de los tramos del la ruta cervantina, una especie de Camiño Xacobeo literario que Felipe Ferreiro , dueño de la Venta, observa cada día y donde recibe, con una hospitalidad a prueba de molinos y encantamientos, a todo aquel que quiere conocerla.
A parte de todo esto, que no es poco, la Venta de la Inés tiene otro atractivo muy peculiar, que es un salto de agua con unas pinturas rupestres, no muy lejos de la citada Venta, desde luego, si pudiera, para mi este lugar lo declararía como patrimonio histórico cultural. Vean y juzguen ustedes mismos.
Entrada de la Venta de la Inés. Como ya dijé, la hospitalidad es algo que le sobra a esta familia.
Aqui está, el alcornoque, del que Cervantes hace mención.
La abundancia de agua de la zona, hace que aparezcan fenómenos tan bellos como los dos siguientes.

Foto casi a la altura del agua de uno de los muchísimos saltos de agua de la zona.
Aqui se puede ver lo escarpado del terreno, y la abundancia de agua de la zona.
Otro de los muchos saltos de agua de la zona.
Desde la mitad del recorrido que separa la Venta de las pinturas, ya se puede observar la cornisa, por donde salta el agua, y que esconde las pinturas.

Aqui estoy con mi hermana, y al fondo el gran salto de agua que menciono.
Mi hermana, observando la belleza del paisaje.
Ya estamos casi llegando...
Quizás las dimensiones del salto de agua no se apreian, pero así a ojo, creo que podrá medir unos 25 metros.


Yo desde fuera de la cornisa, y mi hermana con mis amigos, dentro de la cornisa, entre ellos y yo el salto de agua.
Desde dentro de la cornisa.
Foto desde abajo, a lo más alto del salto de agua.
Pues, como antes decía, aqui están las pinturas rupestres de las que hablaba al principio.
A algún desaprensivo, se le ocurrío la genial idea de rayar la pintura, para ver si era de verdad o no. Desde luego respeto por las pinturas y la naturaleza mostró poca.

Les puedo asegurar, que desde aqui arriba, puedes sentirte el rey del mundo. (Mi amigo Jorge y Yo)
Vista desde arriba del salto de agua.
Otro pequeño, salto de agua, en la parte superior de la cornisa.
Sin embargo, sí hay algo que me molesta y enfada enormemente, es que desde hace unos ocho años el caciquismo que aún abunda por España, perturba este bello paisaje. Y es que la finca que rodea la mayor parte de esta propiedad cambió de manos y pasó a una sociedad que, según cuenta Felipe, dueño de la Venta, ha querido dejarle sin agua y luz, tal vez para obligarlo a vender e integrarlo en la hacienda mayor, como hicieron otros vecinos de la zona que ya se fueron. Felipe litiga, pero no ha tenido demasiada suerte en los tribunales, más bien al contrario. Tampoco posee mucho dinero para hacerlo, ni fuerzas. Vive con su mujer, enferma, y su hija, con una discapacidad física, y el trabajo diario poco le deja para abogados y tribunales a quien además, lleva toda su vida entre estas encinas y peñascos. "Sólo he salido para ir a Madrid", me decía un día.
Felipe ha recibido, no obstante, el apoyo de Ecologistas en Acción, de la Asociación de Amigos de la Venta de la Inés, Club Cicloturista Caminos y Cañadas (mi club), y multitud de asociaciones, para que los vecinos no cerrasen los caminos.
Actualmente creo que solo se puede ir hasta la Venta, al salto de agua y las pinturas, ya no se puede, según los tribunales, es propiedad privada, una lástima la verdad, pero como dice el bueno de Felipe, "seguiremos luchando".
Desde aquí mi apoyo incondicional a esta humilde familia, y mi total repulsa a la privatización de sitios como este.